“BENDITA SEAS ENTRE TODAS LAS MUJERES”
Lc. 1,42, un homenaje a la Virgen María de Copacabana, conmemorando los 100 años, de haber sido coronada como Reina y Patrona de Bolivia.
El 2 de febrero de 1583, llega a Copacabana, la milagrosa imagen de la Virgen María de Copacabana, obra realizada por el inca, Francisco Tito Yupanqui, oriundo de la misma población, perteneciente a la comunidad Anansaya.
Francisco Tito Yupanqui, se caracteriza, por ser un hombre de mucha FE, en Dios. En él puso toda su fe y esperanza, en los momentos de dificultad, que se presentaron en su camino. Logro cumplir la promesa hecha a su pueblo, el de realizar, una imagen de la Virgen María, con por sus propias manos. Este trascendental hecho, lograría unir a dos facciones importantes del poblado, Anansayas y Urinsayas.

En su primer intento por plasmar su devoción, Francisco Tito Yupanqui creó una imagen de barro que, aunque colocada brevemente en el altar, fue retirada al poco tiempo con la llegada de un nuevo párroco debido a su imperfecta elaboración.
En este contexto histórico, Francisco Tito Yupanqui, parte a la Villa Imperial de Potosí, donde estuvo de aprendiz, en el taller de arte del maestro, Diego de Ortiz, en ella aprendió las técnicas necesarias, con las que pudo iniciar su obra.
Una vez terminada su obra, que aún se encontraba sin el acabado final, pues estaba en blanco, partió a Chuquisaca, con el objetivo de solicitar una licencia, para formar una cofradía dedicada a la Virgen María y recabar autorización para realizar esculturas y ejercer la pintura. Dicho cometido le negaron. Afligido con la respuesta, retorna a la ciudad de Potosí y es allí donde decide llevar su imagen a Chuquiago Marka, para poder terminarla.
En el trayecto de la ciudad de Potosí a Chuquiago Marka, hoy La Paz, pasaron por Ayo Ayo, donde deciden pasar la noche. El corregidor de este poblado al ver el bulto que cargaban, los echa, indicando que no quiere difuntos ahí, los transeúntes le explican lo que estaban llevando en su precioso equipaje y este al quedar satisfecho con la explicación permite que los peregrinos pernocten en el lugar. A la mañana siguiente continúan con su viaje hacia Chuquiago, teniendo como punto de llegada su casa, acto seguido, se dirigen a la iglesia de San Francisco, donde esperan encontrar al maestro Vargas, quien les ayudara con los detalles finales de la Virgen y el recubrimiento en pan de oro a la imagen traída desde Potosí.
Como acto de agradecimiento, Tito Yupanqui ayudara en el dorado del retablo, este al mismo tiempo debía comprar el pan de oro, para dorar la imagen. Las jornadas de trabajo eran arduas y durante el día trabajaban en el retablo y por noche se concentraba en perfeccionar la imagen, de la Virgen María. Una vez terminada su obra la pusieron en la celda del Franciscano Fray Navarrete. Quien en su recogimiento decía, “de la imagen salían rayos de luz”. Por consejo de su hermano Alonso Viracocha y por existir aun diferencias entre los Anansayas y Urinsayas, en el poblado de Copacabana, Tito Yupanqui, trato de vender la imagen.
Conocedor de estas noticias e intenciones, llego el Corregidor de Copacabana don Gerónimo Marañón, indicando, que haría que admitiesen la obra en su pueblo, y mando a que traigan las andas que él había hecho hacer para este cometido, a este pedido también se sumó la orden que debía sumarse una comitiva.
La comitiva salió rumbo a Tiquina. Después de cruzar el estrecho de San Pablo de Tiquina a San Pedro de Tiquina. Fue el Padre Montoro quien la recibió a la imagen y al verla se postro ante ella e hizo que la colocasen en la capilla de San Pedro, donde se quedó por unos días. El tiempo transcurría y se acercaba la fiesta de la Virgen de la Candelaria. En este itinerin llego el Corregidor Marañon procedente de Chuquiago a la población de Tiquina. Este al ver que la imagen aún no había sido trasladada a Copacabana, como había sido su intención inicial, se sorprendió y enojo al mismo tiempo, quien al verla aun ahí. Por lo que mando a traer a más personas que fueran necesarias para llevarla hasta su destino.
La bendita imagen de la Virgen de Copacabana, llega el 2 de febrero de 1583, poco después de haber salido el sol, en hombros de aquellos dichosos hombres que componían la comitiva. La imagen llevaba un rostro de rasgos indígenas, serena, dulce belleza resplandeciente, a cuya vista titubean todos los que la miran. Llego en solemne procesión, acompañada de vítores y oraciones, canticos, suspiros y sollozos. Fue recibida en Copacabana, por la muchedumbre que salía a su encuentro, era un pueblo unido que salía a recibirla y honrarla como a una madre que era y llevarla a la Iglesia.
Una vez colocada la imagen de la Virgen de Copacabana, en el altar de la capilla existente. Al ser visitada por los devotos, advirtieron, que el rostro de la Virgen no se podía apreciar, al encontrarse el niño Jesús levantado sobre el brazo izquierdo de su madre. Por lo que solicitaron al padre Montoro remediar esta situación.
El padre Montoro, mando a llamar a Francisco Tito Yupanqui, para que enmendase esa falla. Este al poseer poca pericia en el arte del tallado y la pintura, no se animaba a realizar tal cometido. Y al no poder realizar la corrección de la posición del niño en el bazo de la madre, andaba muy afligido y pensativo, pidiendo a la Madre, que lo ayude; finalmente después de mucha insistencia, Francisco Tito Yupanqui accedió a corregir esta falla. La corrección se realizaría después de la misa, procederían a bajar la imagen del altar y Yupanqui procuraría arreglarla. Pero fue grande la sorpresa cuando quisieron bajarla, hallaron al Niño reclinado sobre el brazo izquierdo de su madre, y que de ninguna forma estorbaba a la vista del rostro de su Madre. Ese fue el primer milagro que hizo la Virgen de Copacabana en su imagen.
Los religiosos franciscanos que custodian la bendita imagen de la Virgen de Copacabana. Recibieron la gracia de la Santa Sede, el 15 de mayo de 1919 en un primer Breve Pontificio dando potestad a Monseñor Dionisio Ávila, Obispo de La Paz, para la coronación de la Virgen de Copacabana. Quien lamentablemente falleció en junio de ese mismo año.
El Comisario General de los Franciscanos de Bolivia, Padre Wolfgango Prievasser, consiguió el segundo Breve Pontificio el 20 de diciembre de 1919 delegando al Excelentísimo Internuncio Rodolfo Caroli quien sensiblemente también falleció.
A pedido de Fr. Enrique Biagini, la Santa Sede expidió un tercer Breve Pontificio el 29 de julio de 1925, dando facultad a Monseñor Augusto Sieffert, Obispo de La Paz, para proceder con la Coronación Canónica de la Virgen de Copacabana, como “Reina de Bolivia”.
Según los historiadores dirán, que la Virgen de Copacabana, eligió detalles para su coronación. Fr. Felipe Soliz sacerdote franciscano, fue el encargado de preparar y presidir los actos de la coronación canónica fijada para el primero de agosto de 1925.
Los documentos y archivos existentes de ese tiempo, indican con claridad que los festejos del centenario de Bolivia, se iniciaron, con la coronación de la Virgen de Copacabana, como “Reina de Bolivia”, para tal efecto, se organizaron romerías extraordinarias y peregrinaciones con rumbo al Santuario de la Virgen María de Copacabana. Para asistir a la novena y Coronación de la Virgen, el medio de transporte de aquellos tiempos era en lomo de mula, tren y barcos a vapor.
El Barco a vapor denominado Inca, partió del puerto de Guaqui, llevando en su interior al excelentísimo señor presidente de la Republica, Dr. Bautista Saavedra y su esposa, Sra. Julia de Saavedra, desembarco el primero de agosto de 1925, en el puerto de la población de Copacabana. Junto a, él le acompañaba una comitiva compuesta por el:
Nuncio Apostólico Excmo. Monseñor Gaetano Cicognani; los Excelentísimos Ministros Plenipotenciarios de Argentina y Perú, Dr. Horacio Carrillo y Sr. Manuel Elías Bonnemailon; S.S. el Secretario de la Nunciatura Monseñor Riberi; los Iltmos. Obispos de Oruro y Tarija Monseñores Abel I. Antezana y Ramón Font y toda la comitiva oficial.
El Regimiento “Colorados de Bolivia” 1º. de Infantería, fue la encargada de dar el recibimiento oficial a dicha comitiva. Para tal situación formaron una columna de honor, que abarcaba desde el muelle de la playa llegando hasta la plaza principal en donde se encuentra también el Santuario de la Virgen de Copacabana.
La banda de guerra del Regimiento Colorados de Bolivia, entono el Himno Nacional Coro General, en el momento que desembarco señor Presidente Saavedra y la comitiva oficial que lo acompañaba, mientras recorrían las calles de la población, rumbo al acto central que los había convocado. El numeroso gentío congregado en las calles, arrojo a la comitiva ramilletes de flores y mixtura vitoreando incesantemente BOLIVIA, al Centenario Nacional, al Señor Presidente, a la Argentina y al Perú.
En el contorno de la plaza, estaban formados en correctas filas las escuelas de la localidad. A la entrada del atrio del templo del Santuario, recibieron a la comitiva oficial, los reverendos Padres Franciscanos. Poco después el bizarro regimiento “Abaroa” realizo un magnifico desfile delante de la puerta del templo.
El altar del templo estaba magníficamente arreglado, presentaba a la imagen de la Virgen de Copacabana, que se destacaba majestuosamente en medio de las flores y otros adornos. Comenzaba la ceremonia de la coronación, el Nuncio apostólico celebro con las practicas del rito católico una solemne misa pontifical, que concluyo a las 11:30am. Acto seguido se procedió a la solemne coronación de la Virgen de Copacabana Como Reina y Patrona de Bolivia.
Acto que fue delegado al Iltmo. Obispo de La Paz, Augusto Sieffert, quien subió al Altar Mayor y coloco las respectivas coronas, primero al Niño Jesús, después a la Virgen, mientras el pueblo aclamaba emocionado agitando pañuelos y prorrumpiendo en aclamaciones y glorias a la Virgen, a Bolivia, a Argentina, al Perú, al Presidente de la República.
Vibrante de entusiasmo el pueblo congregado entono, el Himno Nacional de Bolivia para posteriormente salir en procesión, acompañados de la Virgen de Copacabana. Se calcula que los fieles que asistieron a esta ceremonia, pasaban las 20.000 personas que asistieron y llegaron para presenciar este solemne acto de diferentes lugares de nuestra Bolivia y América.
La Santa Sede declaro al Santuario de la Virgen de Copacabana como BASILICA MENOR el día 7 de noviembre de 1940. La ceremonia se realizó con una solemne Misa Pontifical ofrecida por el Nuncio de la Santa Sede en Bolivia, Monseñor Egidio Lari, estuvieron presentes, autoridades eclesiásticas y civiles de esa época, podemos mencionar al presidente de la Republica Gral. Enrique Peñaranda, Obispos y peregrinos.
Ese mismo día por Decreto Supremo, el presidente de la Republica, en nombre del Supremo Gobierno declaro al Santuario Monumento Nacional.
El Cuerpo Nacional de Policías y Carabineros, hoy Policía Boliviana, hicieron los trámites necesarios ante las autoridades policiales y eclesiásticas, para ponerse bajo la protección de la Virgen de Copacabana y proclamarla Patrona y Generalade la institución, por lo que el 5 de diciembre de 1954 se emite Orden General de Carabineros No. 2/54 disponiendo su proclamación como PATRONA DEL CUERPO NACIONAL DE CARABINEROS Y POLICÍAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN DE COPACABANA REINA CORONADA DE BOLIVIA Y RECONOCIDA CON EL GRADO HONORIFICO DE GENERALA, acto solemne realizado en el Santuario de la Virgen de Copacabana.
Las Fuerzas Armadas de la Nación, hicieron los trámites necesarios ante las autoridades policiales y eclesiásticas, para ponerse bajo la protección de la Virgen de Copacabana y le confieren a la Santísima Virgen de Copacabana el GRADO DE ALMIRANTE DE LA FUERZA NAVAL DE BOLIVIA, por lo que el 18 de diciembre de 1969 se emite Orden General de las Fuerzas Armadas de la Nación, declarándola PATRONA DE TODA LA FUERZA NAVAL DE BOLIVIA.
En los jardines de la Santa Sede se encuentra la imagen de la Virgen de Copacabana como la Patrona de nuestro país junto a otras imágenes de otros países.
También en la Basílica de la Anunciación en Nazaret, Tierra Santa, se cuenta con una imagen de la Virgen de Copacabana junto a otras patronas de cada país.
La imagen de la milagrosa Virgen de Copacabana es visitada por miles de fieles católicos, procedentes de todas partes del mundo, para conocerla y también para agradecer los favores recibidos. Se puede decir que el fervor a la Virgen traspasa fronteras, y nos une más a su hijo Jesucristo.
